[...Esas mujeres fugitivas...

[…Esas mujeres fugitivas…

que las apariencias la calle y las costumbres señalan como a las locas del pueblo

hacen que surja ilimitadamente en la pantalla de mi corazón la amada fastuosa inventada e inventable a la que uno mi vida

Y me parece que el final de esta frase en la que deposito una eterna fidelidad a la amada tiene un sabor único en el momento en que la pronuncio

porque desde aquí veo los alarmados rostros de mis semejantes que querrían vaciar en bronce mi efigie entre la carroña de su habitual trivialidad entre los clichés familiares que son Don Juan y Casanova decepcionados por mi devota mirada que acaricia con un amor infinito a una mujer a la que tengo la impresión de no conocer desde hace mucho tiempo

desconcertados por una respuesta romántica inocente y pueril de mi satánica fidelidad

Estoy seguro de que habría sido más tranquilizador para la buena marcha de la infamia humana que yo hubiera sido un feroz asesino o un incendiario sin sentido ya que en ese caso podría ser reducido a uno de sus datos más previsibles pero nunca se me perdonarán las arenas movedizas de mis gestos resueltos vertiginosos y atroces como los volcanes los movimientos de tierra de un encuentro a otro esta vibrante confusión de mujeres fragmentadas apenas conocidas o totalmente desconocidas y que son atraídas hacia mí con una fuerza irresistible en ciertas circunstancias sin equivalencia alguna en el mundo preconcebido de los fenómenos corrientes o excepcionales pero que en ocasiones recuerdan el proceso de desplazamiento y condensación que asciende desde la vida onírica

un vestido, un liviano velo un ojo verde, un ojo azul, un perfume o un veneno lento, un desmayo una herida en la cadera cabelleras revueltas tantas alusiones vagas y lejanas tantas corrientes favorables que hacen que aflore a la superficie del agua esa cabeza de tinieblas la cabeza de la amada envuelta en una nebulosa la cabeza de mi adorada bienamada tentacular, radiante, jamás nacida cuya suprema afirmación es el inmenso cordón umbilical a través del cual le chupo el corazón

Versión de Eugenio Castro Editado por Poesía, señor Hidalgo 2007