en la noche funeraria de mi ser jamás adoptará, en tanto que necesidad los aspectos paralizantes de la muerte inventada por el Creador esta muerte (esta vida) estructuralmente religiosa desaparecerá con la última represión
La muerte que yo acojo como una necesidad como la válvula de la desesperación como una réplica del amor y del odio como una prolongación de mi ser en el interior de mis propias contradicciones
esa muerte, yo la reconozco en ciertos aspectos angustiosos y lúbricos del sueño, en la toxicomanía en la catalepsia, en el automatismo ambulatorio
siempre en la intersección del hombre y la sombra de la sombra y la llama
la reconozco en mi necrofilia enmascarada cuando obligo a mi amada a guardar durante el amor una pasividad glacial
la reconozco incluso en el acto mecánico del sueño, en el desmayo o en la epilepsia
pero nunca reconoceré ni siquiera en mis ensueños más autoflageladores la objetividad de ese fenómeno siniestro que nos vuelve monótonos nos hace repetitivos y nos extermina como si fuéramos la víctima mil veces milenaria de un monomaniaco senil y cínico
La prolongación de esta muerte necesaria que ya no se opondrá traumáticamente a la vida y que la resolverá en el sentido de una negación ininterrumpida en la que sean perpetuamente posibles la reciprocidad y la inversión causal la prolongación de esta muerte objetiva como una réplica a mi vida objetiva a través de la cual alcanza una tensión siempre extrema la objetividad incandescente de mis amores me obliga hoy en un estado de ilimitada desolación pánica, de catalepsia moral llevada hasta el vacío teórico y de desesperación insoluble, macabra y sintomáticamente revolucionaria a agravar este estado de irritación aguda exasperándolo hasta su imposible negación, hasta la negación exasperante de lo imposible en donde la muerte para ser devorada como una mujer se libera de sus sumas traumáticas y se ilumina cualitativamente taumatúrgicamente y adorablemente de humor
Utilizando los signos cifrados de nuestro tatuaje interior apelando de nuevo al Irrespirable Triángulo del artificio a la Mujer de las mil Pieles del automatismo al Corazón Doble del sonambulismo provocado y a la Gran, a la Inigualable Ballena del simulacro
Hace varios días que llevo a cabo algunos intentos de suicidio que no son sólo una consecuencia lógica de mis decepciones, de mi saturación y de mi desesperación subjetiva sino la primera victoria real y virtual sobre esa Paralítica General Absoluta que es la muerte Versión de Eugenio Castro Editado por Poesía, señor Hidalgo 2007