más que como un asesino como un peligro latente como un provocador en pronunciada agonía
Merced a esta actitud no-edípica ante la existencia observo con ojo maléfico y negro escucho con oreja no acústica toco con mano insensible artificial, inventada el muslo de una mujer de la que no retengo ni el perfume ni el terciopelo -esas perennes atracciones de su cuerpo magnífico- sólo el destello eléctrico, las estrellas fugaces de su cuerpo encendidas y apagadas una sola vez a lo largo de la eternidad el magnetismo y el flujo de ese muslo y sus cósmicas radiaciones, la luz y la oscuridad interiores, la ola de sangre que la cruza, su sola ubicación en el espacio y en el tiempo revelándoseme bajo la monstruosa lupa de mi cerebro de mi corazón y de mi inhumano aliento No llego a comprender el encanto de la vida sin las solas revelaciones del instante
Si la mujer que amamos no se inventa bajo nuestra mirada
si los ojos no se desprenden de los viejos clichés de la imagen en la retina
si no se salen de sus órbitas y se dejan sorprender y atraer por una región desconocida
la vida me parece fijarse arbitrariamente en un momento de nuestra infancia o en la infancia de la humanidad
una forma de remedar la vida de cualquier otro
En efecto, la vida se convierte en un escenario en el que se interpreta a Romeo, Caín, César y a otras figuras macabras
Poseídos por esos cadáveres recorremos como ataúdes el camino que une el nacimiento a la muerte…]