Que humana cosa dura poco tiempo es máxima muy cierta, dice el viejo de Quíos, que la misma natura tiene el hombre y las hojas. Mas esta voz muy pocos oyen. A la esperanza inquieta, hija de juveniles pechos, todos le dan asilo. Mientras rojas las flores de nuestra edad acerba son, el alma orgullosa cien dulces pensamientos nutre en vano, ni muerte espera, ni vejez; ninguna dolencia al hombre sano preocupa. Mas tonto es quien no mira cuán presto juventud emprende el vuelo. Y cómo de la cuna cercano está el sepulcro. Tú, que el pie pondrás pronto en el fatal camino de la sede plutónica, a los goces presentes tu breve edad confía.
Versión de Diego Navarro