A sí mismo Canto XXVIII
Reposarás por siempre, cansado corazón! Murió el engaño que eterno imaginé. Murió. Y advierto que en mí, de lisonjeras ilusiones con la esperanza, aun el anhelo ha muerto. Para siempre reposa; basta de palpitar. No existe cosa digna de tus latidos; ni la tierra un suspiro merece: afán y tedio es la vida, no más, y fango el mundo. Cálmate, y desespera la última vez: a nuestra raza el Hado sólo otorgó el morir. Por tanto, altivo, desdeña tu existencia y la Natura y la potencia dura que con oculto modo sobre la ruina universal impera, y la infinita vanidad del todo. Versión de Antonio Gómez Restrepo