Mosca muerta canción del no ver nada, del nada oír, que nada es.
De yacer en sopor de tierra firme con puertos como párpados cerrados, que no azota la tempestad de un mar de lágrimas en el que no logré perderme.
De estar, mediterránea charca aceda, bajo el sueño dormido de los pinos, inmóviles como columnas en la nave de una iglesia abandonada, que pudo ser el vientre de la ballena para el viaje último.
De llamar a mi puerta y de oír que me niegan y ver por la ventana que sí estaba yo adentro, pues no hubo, no hubo quien cerrara mis párpados a la hora de mi paso.
Sucesión de naufragios, inconclusos no por la cobardía de pretender salvarme, pues yo llamaba al buitre de tu luz a que me devorara los sentidos, pero mis vicios renacían siempre.