Te escribo, Sergio...

Te escribo, Sergio…

Te escribo, Sergio desde la soledad del mediodía asoleado y desnudo mientras azota el viento y estoy, gatunamente, enrollada en la cama donde anoche te quise y me quisiste entre tiempos, sonrisas y misterios.

Va quedando lejano el mundo que existía antes de conocerte y va naciendo un nido de palabras y besos, un nido tembloroso de miedo y esperanza donde a veces me siento retozando entre trinos, y otras veces me asusto, abro los ojos y me quedo quieta, pensando en este panal de miel que estamos explorando, como un hermoso, hipnotizante laberinto, donde no hay piedritas blancas, ni mágicos hilos que nos enseñen el camino de regreso.