¡Piadoso buey! Al verte mi corazón se llena de un grato sentimiento de paz y de ternura, y te amo cuando miras inmóvil la llanura que debe a tus vigores ser más fecunda y buena.
Bajo el pesado yugo tú no sientes la pena y así ayudas al hombre que tu paso apresura, y a su voz y a su hierro contesta la dulzura doliente con que gira tu mirada serena.
De tu ancha nariz brota como un vaho tu aliento y tu afable mugido lentamente en el viento vibrando como un salmo de alegría, se pierde…
Y en su austera dulzura, tus dos verdes pupilas reflejan cual si fuesen dos lagunas tranquilas, el divino silencio de la llanura verde.
Versión de Carlos López Narváez