Éste es el diálogo último: hasta aquí estoy oyendo el remezón de tu risotada con emputecimiento y todo, en la guerra se gana o se pierde y yo perdí, y tú perdiste igual, no hay pelitos recónditos que suavicen el enigma: útero es útero y falo es falo, no hay aura ni distinción, ni mucho menos Danza, haces tu número en la feria y te vas, todo es comercio de hombre y de mujer, no hay pelitos recónditos y uno es todos sus animales a la vez y por lo visto quién engaña a quién, ésta es la bestia -tú y yo- que somos. 2. De esto se pare y se muere, la guerra es ésta, dejemos los sentidos para ocasiones más olorosas, el beso lo dejemos para el dialecto delicado y concubino, ésta es la fiereza, mi rey, acuéstese de una vez en este hueco de placer: de ahí saldrá más entero
que de adentro de su madre. Usted es un arrepentido y un lastimado, lo que no corresponde a un rey por mucho que haya engendrado en cuanto rey tan alta dinastía: tres semanas de arrullo bastan, lo que le falta a usted es cuchillo y sangre de cuchillo para cortar abajo el tajo, de la putrefacción a la ilusión.