A él se le salía la muchacha y a la muchacha él por la piel espontánea, y era poderoso ver cuatro en la figura de estos dos que se besaban sobre la arena; vicioso era lo viscoso o al revés; la escena iba de la playa a las nubes. ¿Qué después pasó?; ¿quién entró en quién?, ¿hubo sábana con la mancha de ella y él fue la presa? ¿O atados a la deidad del goce ríen ahí no más su relincho de vivir, la adolescencia de su fragancia?
Me besa con lujuria Tratando de escaparse de la muerte, Y cuando caigo al sueño se hospeda en mi columna Vertebral, y me grita pidiéndome socorro, Me arrebata a los cielos, como un cóndor sin madre Empollado en la muerte.