Sucio fue el día de la mariposa muerta. Acerquémonos a besar la hermosura reventada y sagrada de su pétalos que iban volando libres, y esto es decirlo todo, cuando sopló la Arruga, y nada sino ese precipicio que de golpe, y únicamente nada.
Guárdela el pavimento salobre si la puede guardar, entre el aceite y el aullido de la rueda mortal. O esto es un juego que se parece a otro cuando nos echan tierra. Porque también la Arruga…
O no la guarde nadie. O no nos guarde larva, y salgamos dónde por último del miedo: a ver qué pasa, hermosa. Tú que aún duermes ahí en el lujo de tanta belleza, dinos cómo o, por lo menos, cuándo.