Tomad vuestro teléfono y preguntad por ella cuando estéis desolados, cuando estéis totalmente perdidos en la calle con vuestras venas reventadas, sed sinceros, decidle la verdad muy al oído.
Llamadla al primer número que miréis en el aire escrito por la mano del sol que os transfigura., porque ese sol es ella, ese sol que no habla, ese sol que os escucha a lo largo de un hilo que va de estrella a estrella descifrando la suerte de la razón, llamadla hasta que oigáis su risa que os helará la punta del ánimo, lo mismo que la primera nieve que hace temblar de gozo la nariz del suicida.
Esa risa lo es todo: la puerta que se abre, la alcoba que os deslumbra, los pezones encima del volcán que os abrasa, las rodillas que guardan el blanco monumento, los pelos que amenazan invadir esas cumbres, su boca deseada, sus orejas de cítara, sus manos, el calor de sus ojos, lo perverso de esta visión palpable del lujo y la lujuria: esa risa lo es todo.