La que duerme ahí, la sagrada, la que me besa y me adivina, la translúcida, la vibrante, la loca de amor, la cítara alta:
tú,
nadie sino flexiblemente tú, la alta, en el aire alto del aceite original de la Especie:
tú,
la que hila en la velocidad ciega del sol:
tú,
la elegancia de tu presencia natural tan próxima mi vertiente de diamante, mi arpa, tan portentosamente mía:
tú,
paraíso o nadie cuerda para oír el viento sobre el abismo sideral:
tú,
página de piel más allá del aire:
tú,
manos que amé, pies desnudos del ritmo de marfil donde puse mis besos:
tú,
volcán y pétalos, llama; lengua de amor viva:
tú,
figura espléndida, orquídea cuyo carácter aéreo me permite volar:
tú,
muchacha mortal, fragancia de otra música de nieve sigilosamente andina:
tú,
hija del mar abierto, áureo, tú que danzas inmóvil parada ahí en la transparencia desde lo hondo del principio:
tú
cordillera, tú, crisálida sonámbula en el fulgor impalpable de tu corola:
tú,
nadie: tú: Tú, Poesía, tú, Espíritu, nadie:
tú,
que soplas al viento estas vocales oscuras, estos acordes pausados en el enigma de lo terrestre:
tú: