Aunque penetres lentamente, Al principio no sabes Si estás en un infierno, Pero el olor a polvo De ruedas, pies desnudos, Pezuñas y pedales Es terroso y terreno. Y el flujo inagotable, De embarrancado río De gentes y animales Sacrílego, en las calles Del elegido puerto Y Útero de la muerte.
Bajo nubes de incienso Llama el fuego a los muertos Engalanados y dispuestos Hacia el altar, lugar de inicio Que no cambia.
No hay luto en esta noche Candente de sus carnes Crepitando en el viento.
En la quietud del cielo Desnudo que amanece, Devolverá el aire Al agua su principio.
Navegará, Entre ceniza y lodo. Alboreará, El mundo liberado Del perpetuo regreso Del libro “La mirada y el viaje” Barcelona 2004