Tú sabes que no es fácil que vuelvan a brotar esos gladiolos Decir que en otro orden la luna el mar existen Que grullas cenicientas transporten en su pico la tormenta que sus sílabas puedan relampaguear en tu poema
No es fácil que no te tiemble el pulso ante el recuerdo de tantos amasijos de hierro enmudecidos o de quien rehaciéndolos quiso darles su voz sobre los campos de pétalos cruzados en tallos de agonía
Que después de la noche cavada ya ninguna palabra pueda ser pronunciada ni escrita con su traje indigente Y el peso de su color raído Ha minado las capas muchos de sus tejidos: belleza vaciada en un negro agujero de polilla ¿Pero acaso no es ésta la artífice de esa perforación?
Las palabras son panes que se amasan de nuevo con esa levadura del día Para mostrar las cosas los seres sus carencias de mí a tu otro tacto Transformándolas al calor que las dore Y las haga olvidar en su corteza formada los rumores los gestos todas las manos que tú sabes en su interior habitan Para poder vivir:
Dar vida cantar su muerte De “Ánforas” Editorial Devenir, Madrid 2009