Hay trenes como flechas traspasando mi ensueño Oigo en la lejanía su aullido dilatado en el aire en medio de la noche Y todos sus vagones semejan componentes de esa vieja manada de los antiguos lobos Atravesando el furor de los hombres Viajando así en su huida hacia estepas que quieran albergarlos
Son trenes que no paran ni detienen su curso en nuestras estaciones de paso cotidianas Temen perder el rumbo y la velocidad de su galope al ritmo de una brújula dirigiendo sus pies fijando su destino Veo el rumor de su despedida expandirse Alejarse de la inmediatez de este silencio de sonido vacío como el foso que vela ésa tu otra existencia
Hay trenes alados que circundan mi calle Aves de vuelo gris amaneciendo que esperan arrancar como ayer la noche de tus ojos Su graznido ya no parece huir Ves cómo se detiene y se aposenta en raíles de un hierro que si escuchas en él oirás aún las grietas y el sabor residual de viajes oxidados
Sobre ellos ha crecido este ofidio de nuestras cercanías que pretende engullir tantas manos y pies ovillados aún bajo su manta en sus asientos: Hacia el aire expoliado de alas de la gran urbe Hacia el nido gigante donde reina un grito más duro y compacto que la roca: cemento armado gris llenando la calvicie del día al olvidar la oscuridad que acoge resonancias
De voces y de espacios O raíles uniendo los fragmentos de túneles que en mi insomnio estacionan para que te alces al vagón de otro vuelo
De parada y destino imprevisibles De “Ánforas” Editorial Devenir, Madrid 2009