Tengo un rostro lacerado por arrugas secas. Margarite Duras
El amante de rasgos afilados y manos de marfil tiene una cueva en el pecho atravesada por hielos milenarios
El amante de la China del Norte sostiene siglos en los hombros a cambio de un oro viejo que hunde también sus manos en lo obsceno Semejante a la miseria de los que nada poseen
Leo los brazos de los tilos abriéndose Cubriendo el verdepálido de la noche Indochina Reconozco a la niña de piel blanca resucitada de millares de muertes Dolor de desterrada más anciana que el tiempo Sabia como el oído y el ojo que hacia dentro atesoran filtrando un elixir:
(latido universal) Con que una mano pueda los metales fundidos al calor desnombrar
Escribiendo lo que huye
De “Ánforas” Editorial Devenir, Madrid 2009