III Se ha levantado el día con su sol Su luz es la muralla el límite de algo paradisíaco surgido y eclipsado por los lomos antiguos sin ninguna inscripción En esos anaqueles de la gran Biblioteca de ensueños de la noche
La luz nos ha expulsado y nos regresa a ambos rostros de carne Un reflejo ha encendido el fulgor de un relámpago en alguna caverna de nuestro delicado corazón Y al instante se ha ahogado en un inmenso mar de claridad Nuestra contemplación comprometida amable hace anodinos nuestros rasgos Quizás jamás volveremos a estar tan cerca frente a frente Nos cubrimos con el habitual velo de lo extraño sin saber lo que fue Sabiendo lo que podría haber llegado a ser El ritmo se aminora se agudiza el silbato Te apearás después de que nuestras miradas quisieran con sus pequeños rayos develar y hacer suya esa sustancia ambigua fugitiva inabarcable que alguien nos dio a beber desde lo oculto