Entre el rumor de las campanas, bella gitana, amante y mía, nos amamos perdidamente y nadie, nadie, nos veía.
Olvidamos que las campanas, asomadas al campanario, nos vieron, ay, y noche y día se lo cuentan al vecindario.
Mañana Pedro y Catalina, el panadero y su mujer, Juan y María Golondrina, mi amiga Luz, mi prima Ester,
sonreirán, de cierta manera… Yo no sabré dónde meterme… Tú estarás lejos… Lloraré… Y hasta es posible que me muera… Versión de Eduardo Carranza