Las dos cabezas

Las dos cabezas

Omnis plaga tristitia cordis est et omnis malitia, nequitia mulieris. El Eclesiástico

I Judith y Holofernes

Tesis

Blancos senos, redondos y desnudos, que al paso de la hebrea se mueven bajo el ritmo sonoro de las ajorcas rubias y los cintillos de oro, vivaces como estrellas sobre la tez de raso.

Su boca, dos jacintos en indecible vaso, da la sutil esencia de la voz. Un tesoro de miel hincha la pulpa de sus carnes. El lloro no dio nunca a esa faz languideces de ocaso.

Yacente sobre un lecho de sándalo, el Asirio reposa fatigado, melancólico cirio los objetos alarga y proyecta en la alfombra…

Y ella, mientras reposa la bélica falange muda, impasible, sola, y escondido el alfanje, para el trágico golpe se recata en la sombra.


Y ágil tigre que salta de tupida maleza, se lanzó la israelita sobre el héroe dormido, y de doble mandoble, sin robarle un gemido, del atlético tronco desgajó la cabeza.

Como de ánforas rotas, con urgida presteza, desbordó en oleadas el carmín encendido, y de un lago de púrpura y de sueño y de olvido, recogió la homicida la pujante cabeza. En el ojo apagado, las mejillas y el cuello, de la barba, en sortijas, al ungido cabello se apiñaban las sombras en siniestro derroche

sobre el lívido tajo de color de granada… y fingía la negra cabeza destroncada una lúbrica rosa del jardín de la noche.


II Salomé y Joakanann

Antítesis

Con un aire maligno de mujer y serpiente, cruza en rápidos giros Salomé la gitana al compás de los crótalos. De su carne lozana vuela equívoco aroma que satura el ambiente.

Danza todas las danzas que ha tejido el Oriente: las que prenden hogueras en la sangre liviana y a las plantas deshojan de la déspota humana o la flor de la vida, o la flor de la mente.

Inyectados los ojos, con la faz amarilla, el caduco Tetrarca se lanzó de su silla tras la hermosa, gimiendo con febril arrebato:

«Por la miel de tus besos te daré Tiberiades» , y ella dícele: «En cambio de tus muertas ciudades, dame a ver la cabeza del Esenio en un plato» .


Como viento que cierra con raquítico arbusto, en el viejo magnate la pasión se desata, y al guiñar de los ojos, el esclavo que mata apercibe el acero con su brazo robusto.

Y hubo grave silencio cuando el cuello del Justo, suelto en cálido arroyo de fugaz escarlata, ofrecieron a Antipas en el plato de plata que él tendió a la sirena con medroso disgusto.

Una lumbre que viene de lejano infinito da a las sienes del mártir y a su labio marchito la blancura llorosa de cansado lucero.

Y -del mar de la muerte melancólica espuma- la cabeza sin sangre del esenio se esfuma en las nubes de mirra de sutil pebetero.

III La palabra de Dios

Síntesis

Cuando vio mi poema Jonatás el Rabino ( el espíritu y carne de la bíblica ciencia ), con la risa en los labios me explicó la sentencia que soltó la Paloma sobre el Texto divino.

«Nunca pruebes , me dijo, del licor femenino, que es licor de mandrágoras y destila demencia; si lo bebes, al punto morirá tu conciencia, volarán tus canciones, errarás el camino» .

Y agregó: «Lo que ahora vas a oír no te asombre: la mujer es el viejo enemigo del hombre; sus cabellos de llama son cometas de espanto.

Ella libra la tierra del amante vicioso, y Ella calma la angustia de su sed de reposo con el jugo que vierten las heridas del santo» .