lanzase los brazos tras de mí en torno a mí en mi habitación, por la noche -como si el mar se me enroscase con sus brazos sonoros El mar me acaricia El mar me abraza * * *
en una callejuela del zoco Quería venderme unos cordones a mí que no tengo zapatos cordones rojos, negros, de algodón, de seda No veía que iba descalza Este hombre tenía que estar ciego o loco o quizá fuese ese cuerdo Nos saludamos con el signo que significa «Ya sabes». Y ambos nos echamos a reír * * *
unas a otras de manera diferente que los pájaros Y los pájaros no se hablan de manera diferente que las almas Mientras nuestro oído necesita una multitud de palabras de sonidos laboriosamente ensamblados para que lo dicho llegue a su destino les bastan a ellos unos pocos les basta con variar su intensidad variar su acento * * *
de vino tinto ¿Cómo podré apagarlos? Únicamente bebiéndolos como de una copa con besos uno tras otro- Entonces tú los vuelves a llenar del vino amarillo que más me gusta. * * *
Sufrir sin amar es difícil Amar sin sufrir no es posible Amar es difícil. Versiones de Francisco J. Uriz