LXXV
¿A qué me lo decís? Lo sé: es mudable, es altanera y vana y caprichosa: antes que el sentimiento de su alma brotará el agua de la estéril roca.
Sé que en su corazón, nido de sierpes, no hay una fibra que al amor responda; que es una estatua inanimada…; pero… ¡es tan hermosa!