XXVIII
Antes que tú me moriré: escondido en las entrañas ya el hierro llevo con que abrió tu mano la ancha herida mortal.
Antes que tú me moriré: y mi espíritu, en su empeño tenaz se sentará a las puertas de la Muerte, esperándote allá.
Con las horas los días, con los días los años volarán, y a aquella puerta llamarás al cabo… ¿Quién deja de llamar?
Entonces, que tu culpa y tus despojos la tierra guardará, lavándote en las ondas de la muerte como en otro Jordán.
Allí, donde el murmullo de la vida temblando a morir va, como la ola que a la playa viene silenciosa a expirar.
Allí donde el sepulcro que se cierra abre una eternidad. Todo cuanto los dos hemos callado allí lo hemos de hablar.