LXXXII Errante por el mundo fui gritando: «La gloria ¿dónde está?» Y una voz misteriosa contestóme: «Más allá… más allá…»
En pos de ella perseguí el camino que la voz me marcó; halléla al fin, pero en aquel instante el humo se truncó.
Mas el humo, formando denso velo, se empezó a remontar y penetrando en la azulada esfera al cielo fue a parar.