XX
Hoy como ayer, mañana como hoy ¡y siempre igual! Un cielo gris, un horizonte eterno y andar… andar.
Moviéndose a compás como una estúpida máquina el corazón; la torpe inteligencia del cerebro dormida en un rincón.
El alma, que ambiciona un paraíso, buscándole sin fe; fatiga sin objeto, ola que rueda ignorando por qué.
Voz que incesante con el mismo tono canta el mismo cantar, gota de agua monótona que cae y cae sin cesar.
Así van deslizándose los días uno de otros en pos, hoy lo mismo que ayer… y todos ellos sin gozo ni dolor.
¡Ay! ¡a veces me acuerdo suspirando del antiguo sufrir! ¡Amargo es el dolor pero siquiera padecer es vivir!