XLVII
Llegó la noche y no encontré un asilo ¡y tuve sed!… mis lágrimas bebí; ¡y tuve hambre! ¡Los hinchados ojos cerré para morir!
¿Estaba en un desierto? Aunque a mi oído de las turbas llegaba el ronco hervir, yo era huérfano y pobre… ¡El mundo estaba desierto… para mí!