LXI
No sé lo que he soñado en la noche pasada. Triste, muy triste debió ser el sueño pues despierto, la angustia me duraba.
Noté al incorporarme húmeda la almohada y por primera [vez] sentí, al notarlo, de un amargo placer henchirse el alma.
Triste cosa es el sueño que llanto nos arranca, mas tengo en mi tristeza una alegría… ¡Sé que aún me quedan lágrimas!