LXXIII
Pasaba arrolladora en su hermosura y el paso le dejé; ni aun a mirarla me volví, y, no obstante, algo a mi oído murmuró: “ésa es”.
¿Quién reunió la tarde a la mañana? Lo ignoro; sólo sé que en una breve noche de verano se unieron los crepúsculos, y… “fue”.