Oh, profetas de espaldas al mar, de espaldas al presente, oh, hechiceros que observáis plácidamente el futuro, oh, chamanes eternamente recostados en la borda, ¡basta hojear un libro de bolsillo para descubrir vuestros misterios!
Leyendo huesos, estrellas, ruinas, entrañas, para beneficio público, todo lo que ha sido y todo lo que será, ¡oh, ciencia!, bendita seas tú y los rayos de luz que nos ofreces, mitad alarde y mitad estadísticas: tasas de mortalidad, límites de suministro de fondos, la creciente entropía…
¡Adelante! Todas esas iluminaciones del color del azufre son mejores que nada, nos mantienen felices en las noches sofocantes del verano: impresos sacados de la computadora, muestreos, excavaciones, confidencias basadas en el método de Delfos… ¡bravo! ¡Bendito sea lo provisional! Por el momento queda bastante agua fresca, la piel respira aún expectante, se crispa tu piel, mi piel, incluso la vuestra, nigromantes leñosos, respirad aún, pese a la cuestión de la cátedra titular, a las notas y las pirámides de empleo, por ahora el final (una interminable catástrofe natural, finamente repartida) no es aún definitiva, ¡vaya consuelo!
De ahí, mis queridos cómplices, que, en tanto se pronostican icebergs frente a Terranova y tormentas de verano en los cielos sulfúreos de Europa Central, es mejor que abandonéis vuestros institutos durante el fin de semana. Corred a salvar la vida, o un pedazo de ella, algo interino, sea cual fuere su significado, hasta el lunes; incluso en el caso de que esta forma de actuar no resulte conveniente como base de vuestras predicciones.
Oh, amigos siempre sedientos de sabiduría, qué lástima me dais, descansando en vuestras dachas, en vuestras cabañas irlandesas, o en la isla de Korcula, de espaldas al mar, apagando plácidamente vuestros cerebros. ¡Adelante, y que vuestra antorcha nunca se apague durante el juego de ping-pong! Os bendigo. De “Los elíxires de la ciencia” 2002 Traducción de Heberto Padilla, con la colaboración de Hans Magnus Enzensberger y Michael Faber-Kaiser