Oda a nadie

Oda a nadie

Tu corazón humeante es testigo, único rey, al viento tu mirada a causa de la pena. Eres el compañero del encantamiento, esclarecido por muchos desiertos, coronado por la desobediencia. No estás moldeado por el tiempo, ni salpicada de ceniza está tu frente fiel.

Eres un espíritu sin lacra, tu silueta es imponente, eras, antes, más perfecto que la raya grande y flotante, más ungido, en tu brillo, a mano con la muerte, rey.

Pero no te encuentras ni lejos ni temprano o tarde, estás aquí. Tu mirada recta cae como nieve hecha de aire y habita en arsenales, va más allá de los observatorios a las oficinas polvorientas de objetos perdidos, reposa en mojados sótanos de cemento, donde gritan de júbilo los asesinos, cae sobre trombosis y mechas, chasquea en los mataderos y en las retorcidas refinerías donde el gas hilarante se quema despacio, descansa en las intrigas de las compañías de navegación y roza los cometas, los carcinomas de las altas finanzas, descansa en las murallas del poder, tras las cuales los capitales laten a muerte, y las asedia, hasta que tu mirada estremecida frente al cielo, enmohecido por paracaídas, cae.

Desconocida paseas, hermosa Bö, de noche, por Plaza España. Tu reino regresa a ti, cazador oculto, cristalino. En tu magnanimidad, igual que el inocente espárrago, tu viva imagen, capturarás, olvidarás el capital suscripto.

¡Tuyas son la fama y la venganza, roca nunca importunada, compañero del encantamiento, testigo secreto y único! Tu pelo de viento tu mirada constante se despliega sobre tu viejo futuro reino, y preserva en el humo lo verdadero, en el viento. De “Los elíxires de la ciencia” 2002 Versión de de Heberto Padilla