Cada noche me libras de la corona turbia que amenaza las horas de mi felicidad y llegas en puntillas lentamente y me arrancas los ojos de humanista susceptibles al sueño de modo que la muerte no puede seducirme Definitivamente soy tu modelo azul temblando en cualquier agua en que tú me sumerjes La flor monumental para el salón de té de las embajadoras que ignoran nuestros nombres De “El hombre junto al mar” 1981