De un rumor creciente y voluptuoso se llenan para mí los días. Dispongo de este mundo exasperado para mi ocio más largo; de la noche más cruel, para el inevitable maleficio.
¡Llegadas del Otoño, mis asiduas, mis fieles! Cuando en la pedregosa mañana el mundo asume la delicia; salto, busco los viejos ritos en el viento; recurro a madres que me ignoran, llamo a sus criaturas temblorosas y hago lumbre en mi cuarto gritando a voz en cuello: ¡Ancianos, para mis ojos es esta flor remota, solamente para ellos!
De “El justo tiempo humano” 1962