Los viejos poetas, los viejos maestros realmente...

Los viejos poetas, los viejos maestros realmente…

Los viejos poetas, los viejos maestros realmente duchos en el terror de nuestra época, se han puesto todos a morir. Yo sobrevivo, lo que pudiera calificarse de milagro, entre los jóvenes. Examino los documentos: los mapas, la escalada, las rampas de lanzamiento, las sombrillas nucleares, la Ley del valor, la sucia guerra de Viet Nam. Yo asisto a los congresos del tercer mundo y firmo manifiestos y mi mesa está llena de cartas y telegramas y periódicos; pero mi secreta y casi desesperante obsesión es encontrar a un hombre, a un niño, a una mujer capaces de afrontar este siglo con la cabeza a salvo, con un juego sin riesgos o un parto, por lo menos, sin dolor. De “El justo tiempo humano” 1962