Cortaste una rosa

Cortaste una rosa

Cortaste una rosa mientras yo dormía y la pusiste en el vaso de mi mesilla encima de una carta de despedida. Tiré la rosa en una barca de remos y dejé que se la llevase la corriente allí desapareció bajo los sauces llorones en un lugar donde el río formaba un meandro. La barca se llevó la rosa. La corriente se llevó la barca. El río se llevó el puente donde las mujeres se paseaban por la tarde cuando el sol teñía de rojo al río. A ti se te llevó el puente. La barca era de un verde sucio vieja, estaba llena de agua, medio podrida y se llamaba Amalie II.

Y así pasan las cosas, yo ahora vivo solo, en una habitación rosa, en un paisaje azul y añoro con la misma fuerza eso que hay detrás de las montañas brumosas yeso que se esconde de sí mismo dentro de mí entre las palabras de tu carta.

Existir es saber. Viajar es sufrir. Lo primero no lo quiero. Lo segundo es superior a mis fuerzas.

De “Nuestro amor es como Bizancio” (“Bajo el mausoleo” 1987) Versión de Francisco Uriz Editorial Lumen S.A. 2003