No deshagas la maleta

No deshagas la maleta

¡No deshagas la maleta! Inconscientemente podría ocurrírsete desparramar su contenido lo que te tentaría a ver un dibujo como el de las letras de la palabra hogar. Donde algo careciera de simetría querrías tal vez colocar una planta regada y empezar a querer apreciada.

¡No deshagas la maleta! Podría estallar la guerra. O lo que es aún peor: Podrías imaginarte que estabas enamorado y como una inevitable consecuencia mudarte a una calle con un nombre y que las calles, no como ahora, no solo fueran calles sino el caminar de los condenados a muerte en ellas.

¡No deshagas la maleta! Es mejor ponerte una camisa arrugada que una que haya estado tendida en un balcón con vistas a algunas islas brumosas y haya sido planchada por una mano amorosa, es preferible el olor a naftalina que a espliego. Podrías creer que eres una flor.

!No deshagas la maleta! Déjala junto a la pared en una habitación desnuda donde una bombilla desnuda no te deja dudar ni un instante de dónde estás y quién eres en la Tierra. ¡No deshagas la maleta! Ni un segundo antes de que puedas prescindir completamente de ella.

Y déjala en su sitio.

De “Nuestro amor es como Bizancio” (“El peso del polvo” 1992) Versión de Francisco Uriz Editorial Lumen S.A. 2003