Oda a Hölderlin

Oda a Hölderlin

Amigo de mi juventud, a ti regreso agradecido ciertos atardeceres, cuando entre los saúcos en el jardín que duerme suena sólo la fuente susurrante. Hoy nadie te conoce, amigo mío; en estos tiempo nuevos muchos se han apartado del encanto tranquilo de la Hélade, sin oraciones y sin dioses prosaicamente el pueblo camina sobre el polvo.

Pero para una secreta multitud de absortos entrañables a los que el dios llenó el alma de anhelos aún suenan las canciones de tu arpa divina.

Cansados del trabajo regresamos ansiosos a la ambrosiaca noche de tu canto, cuyas flotantes alas nos protegen con un sueño dorado.

Y cuando nos encanta tu canción más ardiente se enciende, más dolorosamente arde hacia el país dichoso del pasado hacia los templos de los griegos esta nostalgia que jamás termina.

Versión de Jesús Ruiz