Un dolor se me va y otro me arredra; ola que se marchó y ola que viene a batirme, y apenas se detiene sobre mi viejo corazón de piedra.
Ola que llega, y rompe, y salta y medra del dolor de la roca, y se mantiene sólo el instante aquel que le conviene para arrancarle hasta su airón de yedra.
Lucha sorda y tenaz; mudo combate de la ola que se va, vuelve y se abate en el peñón que su ira desafía…
Dolor perenne, inextinguible, intenso, rudo y fiero combate en este inmenso mar sin orillas de la vida mía…