Y Dios creó las grandes ballenas allá en Laguna San Ignacio, y cada criatura que se mueve en los muslos sombreados del agua.
Y creó al delfín y al lobo marino, a la garza azul y a la tortuga verde, al pelícano blanco, al águila real y al cormorán de doble cresta.
Y Dios dijo a las ballenas: _“Fructificad y multiplicaos en actos de amor que sean visibles desde la superficie
sólo por una burbuja, por una aleta ladeada, asida la hembra debajo por el largo pene prensil;
que no hay mayor esplendor del gris que cuando la luz lo platea. Su respiración profunda es una exhalación”._
Y Dios vio que era bueno que las ballenas se amaran y jugaran con sus crías en la laguna mágica.
Y Dios dijo: “Siete ballenas juntas hacen una procesión. Cien hacen un amanecer”.
Y las ballenas salieron a atisbar a Dios entre las estrías danzantes de las aguas. Y Dios fue visto por el ojo de una ballena.
Y las ballenas llenaron los mares de la tierra. Y fue la tarde y la mañana del quinto día.