Señoras del presente y del olvido las hormigas recorren los espacios del silencio arrastrando grumos de vida hacia el mundo de las sombras
Como vampiros con las alas abiertas en el horizonte borroso los escuálidos señores de la muerte sin proyectar sombra sobre el suelo arenoso sin ser tocados por el viento o la hora
Entre peñascos rotos que un día acabarán sobre el sabino antiguo que un día caerá sin la memoria mínima de los dioses extintos ni del Bigaña estricto que se volvió humedad miro el sol que se muere
Bajan las sombras lentas por los caminos ralos de Monte Albán y dirigiéndose al otro mundo atraviesan cuerpos y muros con su temblor y frío
En el patio ruinosos al borde de una tumba un sacerdote enjuto con camisas de grecas arroja su espectro sobre el polvo y traza con dedo descarnado la forma de las constelaciones deshechas