Año tras año oí aquel tañido débil y lejano De graves campanas traído por el viento negro de medianoche; Extraños repiques, que no venían de ningún campanario Que pudiese descubrir, sino como de más allá de un gran vacío. Busqué una pista en mis sueños y recuerdos, Y pensé en todos los carillones que albergaban mis visiones; Los de la apacible Innsmouth, donde las blancas gaviotas planeaban En torno a una aguja que conocí antaño.
Siempre perplejo seguí oyendo caer aquellas notas Hasta una noche de marzo en que la lluvia fría y desapacible Me hizo franquear de nuevo las puertas del recuerdo Hacia las viejas torres donde tañían badajos enloquecidos. Tañían… pero desde las corrientes sin sol que fluyen Por valles profundos hasta verter al lecho muerto del mar. Versión de Juan Antonio Santos y Sonia Trebelt