Nos amaremos más cuando la hierba crezca y envuelva los caballos que asustaban al aire, y envuelva aquellos potros que iban cual cometas, convulsionadamente, en un macabro baile.
Le robaré tus besos a meteoros de Australia y a electrónicas lluvias que bañan pastizales, y gritaré, radiante, que la suerte no es mala, porque la suerte tiene, para andar, muchas calles.
Buscaré tu figura en los ríos del tiempo, ¡mitológico aspecto de excéntrico donaire! Buscaré tu figura para llevarla lejos a mirar los canguros a la tierra de nadie.
¡Persistente locura! En los días aciagos cobra vida el fantasma disuelto en la memoria, y empieza a galopar como hacen los caballos después de haber pastado en los campos de euforia.
¿Llegan a tus oídos las palabras de mi alma? ¿Llegan a ti las voces de viejos caminantes? no me respondas hoy, respóndeme mañana, cuando esté más tranquila tu celestial imagen.
Ayer, al recordarte, sangró la vieja herida. En esta gran planicie, ¡no te deseo menos! Pienso: ¿Estará soñando como estaba Cristina sentada en la llanura, mirando siempre lejos?
Amazona vehemente cabalgando en el río donde purpúreas alas de cardenal se baten; libera la serpiente que muere en el delirio, hazla volver de nuevo al trópico de antes.
Te sigo imaginando en la cara del agua, proyectando a la vida ambarinos colores. Te sigo imaginando, conflictiva adversaria, dentro del receptivo cóctel de medianoche.
Marina
Surgías como hada en el silencio de mi deseo amargo, tu piel iridiscente semejaba divina flor de mayo. Mis ojos perseguían tu mirada y el rumor de tus labios; rompía los hechizos de la noche con amorosos cantos.
La fiesta de las rosas perfumaba tus adorables manos, llegaba una brisa de nostalgias hasta tus ojos claros. Marina, las cosas te adornaban como la hierba al campo, yo buscaba caer en la prisión de tus lejanos brazos.
Mi voz acompañaba la tiniebla por entre candelabros que después el proscenio revelaba tan sólo eran retablos. Duele saber, amiga, que las aguas de ese bullente océano, han dejado el salitre de tu cuerpo en mis ardientes labios.
Seremos cual estrellas yuxtapuestas por un dictado extraño, hablando de cosas inconcretas un lenguaje raro. ú, llenando de magia y transparencia te universo largo, o, buscando llegar a tus oídos n mi ruido de pájaros.