Marina

Marina

Surgías como hada en el silencio de mi deseo amargo, tu piel iridiscente semejaba divina flor de mayo. Mis ojos perseguían tu mirada y el rumor de tus labios; rompía los hechizos de la noche con amorosos cantos.

La fiesta de las rosas perfumaba tus adorables manos, llegaba una brisa de nostalgias hasta tus ojos claros. Marina, las cosas te adornaban como la hierba al campo, yo buscaba caer en la prisión de tus lejanos brazos.

Mi voz acompañaba la tiniebla por entre candelabros que después el proscenio revelaba tan sólo eran retablos. Duele saber, amiga, que las aguas de ese bullente océano, han dejado el salitre de tu cuerpo en mis ardientes labios.

Seremos cual estrellas yuxtapuestas por un dictado extraño, hablando de cosas inconcretas un lenguaje raro. ú, llenando de magia y transparencia te universo largo, o, buscando llegar a tus oídos n mi ruido de pájaros.

No bordaste el pañuelo que te pedía, voy a marchar sin él por esta vida. Si llego al cielo no llevaré de ti ningún recuerdo.

Todos están cantando mientras te busco entre los ruidos grandes que hay en el mundo. ¡Ay, sí yo fuera! el corazón del astro que tú deseas.

Ángel de medianoche cuando te escondes, quieren enamorarte los soñadores. Ángel divino, quiero escapar del mundo y volar contigo.

Pétalo mañanero, vas por el viento, y mi suspiro en llamas te va siguiendo. Allá en los montes no me confundas nunca con otros hombres.

Voz de los naranjales, azul del cerro; convertido en palabras marcho del pueblo. Lluvia de cera cubre y preserva todo hasta que vuelva.