Profecía a una moderna Penélope

Profecía a una moderna Penélope

Negarás para siempre los recursos alternos y espiarás, en el agua, galaxias reflejadas. Escucharás secretas canciones de los remos y suspiros de naves bregando en la distancia.

La patrulla distante arrestará tu boda y en una jefatura la mantendrá en secuestro, te plantarás oyendo la funeral paloma que zurea en los cabellos de tu glaciar enfermo.

Las delicadas voces reptarán por el suelo evadiendo el abdomen de tu jarrón dorado, en la fiesta del aire esconderás tu anhelo reacio a paladear hasta el último trago.

El temblor de tu sueño, planeará por el cielo, lleno de cicatrices, ojeando de soslayo, hasta que la memoria y el ladrido de un perro presenten a tu espera el ansiado milagro.

Sueño

Voy a dormir de nuevo, en el penacho negro que llevan en la cresta aquellas nubes altas. Voy a escapar del mundo y a disfrutar el sueño que nos brinda el descanso que ya nunca se acaba.

Voy a dejar la fuerte y apasionada angustia que hierve entre las venas de mi sangre amargada, para seguir caminos que nacen y se borran en la piel infinita de tardes y mañanas.

Voy a ascender a donde los vientos son continuos y empujan incansables la fantasía del alma. Mis versos, como gotas de rocío mañanero, resbalarán del manto rosado de las albas.

Qué importa que desnudo, tirite mientras vuelo, ingrávido en las nubes, sin plumas y sin alas. Qué importa, si es más grande la frialdad de sentir pasiones que perduran y que nunca se apagan.

Desde la fría torre de celestial iglesia, mi lengua, de badajo, servirá a la campana, y pegará en el bronce, llamando persistente, a las almas sin rumbo que por el cielo vagan.

Cuando el violín de ausencias gima apartado y triste bajo la inmensa sombra de las nubes que pasan, mi voz irá cantando salmodiante y tranquila, feliz en el murmullo de la lluvia lejana.

Transformación

Emergeré apacible, en el mundo del sueño, con el rostro azotado por aires fantasmales, y vagaré en el cielo, cubierto de silencio, llevando entre mis ojos las hogueras de antes.

No tendré ya la fiera potencia de los rayos que dan a las tormentas segundos abusivos, y dejan la corteza, blanda, de los pantanos, envuelta entre los gritos de árboles caídos.

No seguiré la noche con horribles jaurías de colmilludos astros y lunas descompuestas, ni golpearé la espalda de la tierra dormida con ardientes meteoros y colas de cometas.

No fundiré perfiles de las cosas pequeñas que guardan la semilla de mi brillante cosmos, ni sembraré en el mundo castigos y tragedias, ni execrables momentos de cosas en trastorno.

Estaré en la armonía, con sonrisa oportuna, pegado a los vitrales históricos del tiempo; actuando en sacramentos preñados de cordura, haciendo comunión con las normas del cielo.

Mi gesto reposado, mi cara alucinada, buscarán manifiestos legendarios del pacto; que borra la fiereza fluctuante de las almas y otorga la silvestre llaneza de los campos.

Estaré en las ideas que altamente suscribo al ir por el recinto de las grandes estatuas, como fruta sin nombre y el corazón herido al enviar los reportes a las cruentas batallas.