Sólo yo

Sólo yo

Se van muriendo tus palabras, el viaje termina sin tu voz.

¡Sólo yo! ¡En el peñón altivo de tu alma, en el silencio grande de tu alma, ¡Sólo yo!

Tu mano cruza por el aire y deja vorágines de amor en la Creación, luego hiere la piel de mis tejidos con abatidos tonos de una Escala Menor.

¡Sólo yo! Sobre la cresta hermosa de tu imagen, ¡sólo yo!

¡Yo, nada más! ¡Nada más yo! Vibrando en el alma de tus cosas, rodando sobre el eje de tu mente, creciendo en el abdomen de tu sombra y amando el blanco mármol de tu frente.

¡Yo, nada más! en la armonía de tu canción. Enloquecido en el vaivén de tu alma, ¡sólo yo!

Dentro de todo lo que huele a ti, cubriendo todo lo que sabe a ti, dentro de cada letra que te busca como un clavel que escribe sin saberlo; ¡sólo yo!

Yo no quisiera cantar…

Yo no quisiera cantar porque mi voz ha dejado un rastro de sombra negra en el blancor de tu paño. Por ti, me volví poeta, por ti, recorrió sonámbulo, y en total desequilibrio el trote de mi caballo.

Aquella luz mañanera que se despertó llorando sobre encendidos claveles y delicados geranios, era tu rostro, y el brillo de las alas de tus pájaros batiéndose en maceteros de rojo y blanco pintados.

Hoy, es historia pasada, de algo que vivió en mis campos, de algo que vibró en mis cuerdas al soplar vientos helados.

Ya no quisiera cantar, los mástiles de mis barcos no pasearán sobre el verde de tus inmensos océanos. Mis peregrinos tampoco harán caso a los badajos que pegan sobre los bronces de tus campanarios altos. La luz de mi plenilunio al caer sobre tus lagos ignorará los rumores del ruiseñor y sus cantos.

Aspirarás la fragancia en las flores de amaranto, y al entrecerrar los ojos comprenderás que te falto. En tus pétalos rosados, por lluvias, ¡ajados tanto! se reflejará el recuerdo de mi evidente quebranto. Tú dirás: “Ferviente amigo, ¡ven a mí, te estoy llamando! hoy los pies de mi memoria quieren de tu césped blando; ¡ven a mí, ferviente amigo! ¡ven a mí, te estoy llamando! quiero desandar caminos que hoy estaba recordando.”

Yo estaré lanzando redes en relinchos de caballos, con escalofríos inmensos y los ojos extasiados. Yo estaré soñando yeguas de respiros agitados, sufriendo de blancas lunas los enfermos rayos claros. El martirio de tu ausencia me dará un sabor amargo, y el brillo de tu memoria como un astro ya apagado no perturbará jamás mi ser desequilibrado.