Transformación

Transformación

Emergeré apacible, en el mundo del sueño, con el rostro azotado por aires fantasmales, y vagaré en el cielo, cubierto de silencio, llevando entre mis ojos las hogueras de antes.

No tendré ya la fiera potencia de los rayos que dan a las tormentas segundos abusivos, y dejan la corteza, blanda, de los pantanos, envuelta entre los gritos de árboles caídos.

No seguiré la noche con horribles jaurías de colmilludos astros y lunas descompuestas, ni golpearé la espalda de la tierra dormida con ardientes meteoros y colas de cometas.

No fundiré perfiles de las cosas pequeñas que guardan la semilla de mi brillante cosmos, ni sembraré en el mundo castigos y tragedias, ni execrables momentos de cosas en trastorno.

Estaré en la armonía, con sonrisa oportuna, pegado a los vitrales históricos del tiempo; actuando en sacramentos preñados de cordura, haciendo comunión con las normas del cielo.

Mi gesto reposado, mi cara alucinada, buscarán manifiestos legendarios del pacto; que borra la fiereza fluctuante de las almas y otorga la silvestre llaneza de los campos.

Estaré en las ideas que altamente suscribo al ir por el recinto de las grandes estatuas, como fruta sin nombre y el corazón herido al enviar los reportes a las cruentas batallas.

Vamos sin paradero como todas las cosas, tropezando en los cuerpos de minutos vacíos; nos oprime el rumor más actual de las rosas y el faraón vehemente que oprimió a los judíos.

Enloqueció la noche, al saberme contigo, luego besó la estatua del ángel congelado; el resto de la historia la sabe el enemigo y el girasol que brilla en el verso extenuado.

Al norte de tus ojos brillan menos las lunas, es más directa y simple la torpe humanidad; una luz blanquecina brilla sobre las cunas y nadie se adjudica la patria potestad.

De niño hice trabajos de madera labrada y cubrí ciertas partes con azul terciopelo. Hoy la navaja blanca de mi antigua mirada esculpe tu figura en pedazos de cielo.

Se va poniendo el sur… de un brillante más claro; pero una lluvia empapa las rosas de la mente. Todo principio ha sido frígidamente raro, tímidamente gris y heladamente hiriente.

Se quema la mañana de mi angustiada aurora nadie puede salvarla, nos cubre la neblina. el abdomen de nubes que me refugia ahora con familiares rayos me busca y asesina.

Se van muriendo tus palabras, el viaje termina sin tu voz.

¡Sólo yo! ¡En el peñón altivo de tu alma, en el silencio grande de tu alma, ¡Sólo yo!

Tu mano cruza por el aire y deja vorágines de amor en la Creación, luego hiere la piel de mis tejidos con abatidos tonos de una Escala Menor.

¡Sólo yo! Sobre la cresta hermosa de tu imagen, ¡sólo yo!

¡Yo, nada más! ¡Nada más yo! Vibrando en el alma de tus cosas, rodando sobre el eje de tu mente, creciendo en el abdomen de tu sombra y amando el blanco mármol de tu frente.

¡Yo, nada más! en la armonía de tu canción. Enloquecido en el vaivén de tu alma, ¡sólo yo!

Dentro de todo lo que huele a ti, cubriendo todo lo que sabe a ti, dentro de cada letra que te busca como un clavel que escribe sin saberlo; ¡sólo yo!