Gatos

Gatos

Como tras los mullidos ves tres gatos a su trisagio erótico ceñidos, saltar por los tejados, aguerridos como otros d ’ Artagnan, Porthos y Athos,

pasas a depender, no de insensatos pensamientos ajenos repetidos ni de tu larga deuda de descuidos sino del paso de estos gatos gratos.

El primero te quita de lo humano sin llevarte por eso a lo divino; el segundo te anima la sonrisa;

con el tercero, piensas, de la mano, más cabal, de la cola del felino: ¿a qué, no siendo humanos, tanta prisa? De “Reducción del infinito” 2002