A Adolfo Nigro
No te amargues el mar, acompásate con la hora que, involuntario y cruel, nadie trasmuta; ríete de los antológicos traspiés del mínimo común nominador, de todo el trafalgar en que un traidor se anega. Prémiate con recordar que siempre huiste de él como de un eufonium.
De “Reducción del infinito” 2002