_Dura legge d’Amor! ma, ben che obliqua, Servar convensi; però ch’ella aggiunge Di cielo in terra, universale, antiqua«
Petrarca, “I Ttriunfi”_
I La hoja de palma se parte con la nieve, las escaleras se derrumban, la ciudad yace tiesa y brilla en el extraño resplandor de invierno.
Los niños gritan y suben a la colina del hambre, comen de la blanca harina y rezan al cielo.
La rica quincalla invernal, el oro de las mandarinas, vuela en las ráfagas salvajes. Rueda la naranja sanguina.
II Yo, sin embargo, yazgo solo encerrado en hielo, lleno de heridas.
Todavía la nieve no me vendó los ojos.
Los muertos, abrazados a mí, callan en todas las lenguas.
¡Nadie me ama ni ha agitado una lámpara para mí!
X ¡Oh amor, que rompiste y tiraste nuestras cortezas, nuestro escudo, el cobijo y la herrumbre marrón de años!
¡Oh penas, que pisándolo apagaron nuestro amor, su fuego húmedo en las partes sensibles! Llena de humo, sucumbiendo en el humo, la llama se repliega.
XII Boca que durmió en mi boca, ojo que vigiló mi ojo, mano-
y los que me arrasaron, los ojos! ¡Boca que pronunció la sentencia, mano que me ejecutó!
XV El amor tiene un triunfo y la muerte tiene otro, el tiempo y el tiempo de después. Nosotros no tenemos ninguno.
A nuestro alrededor sólo hundirse de astros. Destellos y silencio. Mas la canción por encima del polvo después va a superarnos.
De “Invocación a la Osa Mayor” Ediciones Hiperión 2001 Versión de Cacilia Dreymüller y Concha García