Llegué a las dehesas cuando ya era de noche, olfateando en los prados la hierba y el viento antes de levantarse. Ya no pastaba el amor, las campanas se habían extinguido y los haces de hierba endurecido.
En el suelo había un cuerno clavado por el obstinado animal de guía hundido en la oscuridad.
Lo saqué de la tierra, lo alcé al cielo con todas mis fuerzas.
Para llenar este país del todo con sonidos toqué el cuerno, dispuesto a vivir en el viento venidero y bajo los tallos ondeantes de cualquier procedencia. De “Invocación a la Osa Mayor” Ediciones Hiperión 2001 Versión de Cacilia Dreymüller y Concha García