Duermo bajo tu luz y me despierta un eco de latidos que viene de muy lejos.
Dejo caer mis dedos por el caudal crecido de tu inmóvil cabello y acaricio tu rostro, tus mejillas, tus labios, con mis ojos cerrados, en lo oscuro, despacio, voy a tientas, recorro la nieve antes no hollada de tu carne.
Quiero sellar las grietas que el tiempo helado forma y cerrarte los ojos sobre sueños y tenerte por siempre en mi hermosa mentira.
Quiero habitar tus brazos que sólo viste el aire y entrar al cielo inmóvil de tu alma y ver mi soledad reflejada en tu pecho.
Bajo mis manos eres la luz del primer día.